Dibujo1 300x211 Fisting

Me casé con mi mujer porque me encanta su coño. Sencillo. No tenemos nada en común. No me enamore de ella por sus ideas conservadoras, ni por su mojigatería, ni si quiera por su físico. No es especialmente guapa.

Me enamore de ella por su coño. Mentira. Me enamore de su coño y por extensión me enamoré de ella. Porque bien pensado no hay nada en ella que me guste especialmente. Más bien al contrario. Si no fuera por su coño andaríamos cada uno por su lado.

No me entendáis mal. Ni me juzguéis. Esto que cuento es algo que ella ya conoce. Incluso diría que piensa lo mismo de mi. Está conmigo por mis manos. Si, así es, por mis manos. Ni mi imagen, ni mi dinero, ni siquiera mi polla, más bien pequeña. Lo que le interesa son mis manos. Preciso, lo que a ella le gusta son mis puños.

Dice que no ha visto nada igual. Que no conoce a nadie que tenga unos puños como los míos. Esa es la única razón por la que está conmigo. No se enamoró de mi. Se enamoró de mis puños. Yo iba con ellos. Claro y simple. Mis puños y su coño. Su coño y mis puños. Su coño en mi puño. Mi puño dentro de su coño. Eso es nuestro matrimonio. Que no separe el hombre lo que el sexo ha unido. Lo tenemos claro. Lo sabemos. No nos engañamos. No hay cohartadas. No hay justificaciones. Sencillo.

No me casé con mi mujer, me casé con su coño. Su coño se casó con mis puños. Mis puños se follan su coño todas las noches. Uno. Dos. Tres dedos. Cuatro. Cinco dedos en el coño de mi mujer. Cinco dedos agrupados, formando un puño, todo dentro, hurgando, calzándose el coño con el que me casé. El coño con hambre de puño.

El coño que babea con cinco dedos plegados sobre si. Un coño húmedo. Un coño estremecido. Un guante de cálida carne envolviendo al puño, chorreando, empapando el brazo que sostiene el puño, el puño que se lo está follando. Y así estaremos siempre, mi mujer y yo. Unidos por ese nudo de carne. Dos cuerpos sin nada más en común. Pura felicidad.